Bricolaje jardín

Aumentar y conservar la fertilidad del suelo

La fertilidad determina el grado y la calidad de alimentación que van a recibir del suelo todas las especies vegetales del jardín.

Aunque no es el único aspecto que se debe tener en cuenta al analizar el tipo de tierra que las plantas necesitan, su importancia es indiscutible. Aumentarla no es una tarea complicada: basta con conocer unos sencillos consejos sobre el bricolaje jardín.

La pobreza en nutrientes es uno de los factores más fáciles de enmendar en un suelo, mientras que otros como la falta de drenaje, el exceso de compactación o una escasa aireación son muy perjudiciales y difíciles de solventar de un modo efectivo.l

Tipos de abono para utilizar en el jardín

La fertilidad se aumenta proporcionando al suelo los nutrientes de que carece o bien ayudándole a crearlos. El aporte de nutrientes se realiza utilizando abonos que pueden clasificarse, de un modo muy general, en dos grupos: químicos u orgánicos.

Bricolaje jardínLos abonos químicos actúan a muy corto plazo, produciendo resultados espectaculares en las plantas. Normalmente se comercializan en forma de compuestos de nitrógeno, fósforo y potasio, en una proporción que varía en función del tipo de planta al que se destina. Aunque son productos de fácil aplicación, es necesario tener especial cuidado al administrarlos, ya que un exceso en la dosis puede resultar muy perjudicial para las plantas

Se utilizan generalmente para aportar nutrientes a una planta o un conjunto de ellas de un modo concreto, no para enmendar toda la tierra de un jardín. Los tratamientos deben repetirse periódicamente, ya que este tipo de abonos no crea la posibilidad de que el suelo genere su propia riqueza.

Los abonos orgánicos actúan a medio y largo plazo y funcionan de un modo mucho más completo. Además de aumentar la fertilidad, mejoran considerablemente la textura del suelo, esponjándolo y aumentando la aireación gracias a la acción de millones de microorganismos beneficiosos.

Básicamente se utilizan cuatro tipos de abono orgánico:

1.- Estiércol: Es el abono más antiguo conocido y sigue siendo útil aunque con muchas restricciones. Su mal olor lo hace muy poco adecuado para su utilización en jardines, además de ser portador de agentes patógenos capaces de afectar a las plantas. Un exceso de dosis puede resultar muy perjudicial y debe utilizarse únicamente en invierno, ya que en su proceso de fermentación produce un aumento de temperatura muy considerable.

2.- Mantillo: Es el estiércol completamente fermentado, en un proceso natural que dura más de un año. El resultado debe ser un producto totalmente inodoro, en el que no se aprecien a simple vista restos de paja o excrementos y que tenga una textura suelta y esponjosa. Es un abono extraordinario, pero es muy difícil encontrar en el mercado un producto bien hecho que cumpla las condiciones anteriormente especificadas.

3.- Humus de lombriz: Se puede decir que es lo mismo que el mantillo pero el proceso se acelera por la acción de lombrices rojas californianas que, en determinadas condiciones de humedad y temperatura, convierten el estiércol en humus, producto inodoro, libre de semillas de malas hierbas y muy rico en nutrientes que, una vez en el suelo, se liberan poco a poco. Mejora mucho la estructura del suelo y ayuda a retener la humedad sin producir encharcamientos.

4.- Compost: Se produce por la fermentación de restos vegetales y es muy bueno para esponjar el terreno, pero su aporte de nutrientes es mucho menor que en los anteriores.

Asimismo, existen sustratos preparados (especiales, como abono para pradera) que combinan una base vegetal como turba, abonos químicos y humus. Incluyen lo bueno de los dos tipos de abono e incorporan la turba para esponjar.

Consejos para conservar la fertilidad del suelo:

- Elegir plantas que requieran poca agua. El riego excesivo lava las sustancias nutrientes.
- Regar preferiblemente por goteo en lugar de por aspersión.
- Dejar las hojas caídas en los macizos y parterres.
- Evitar las especies que empobrecen el suelo, como eucaliptos o pinos, y favorecer las que lo enriquecen, como el trébol, que fija nitrógeno en el suelo.

Por último, se puede hablar de una especie de círculo vicioso: donde hay buena tierra las plantas crecen mejor, y donde hay cantidad y variedad de plantas generalmente la tierra mejora por sí misma.

Pequeños jardineros

Uno de los mejores mensajes que puedes transmitir a los niños es el amor a la naturaleza, saber cómo contribuye a nuestro bienestar y que debemos cuidarla en todo momento. Una buena forma es hacerle partícipe de una pequeña planta, que sea solo suya y que se responsabilice de todos sus cuidados.

La educación medioambiental es fundamental que se empiece a realizar a temprana edad. Los daños causados por el hombre en la naturaleza pueden acarrear serios problemas a medio y largo plazo. Todo aquello que puedas mostrar a tus hijos para que protejan la naturaleza será beneficioso para su futuro.

Un buen método para empezar es enseñarles a plantar y cuidar a una planta. Puedes optar por dos posibilidades: comprar semillas y plantarla con ellos y que vayan descubriendo cómo crece poco a poco, o bien comprar una planta pequeña que ya esté semi-desarrollada y que él tendrá que cuidar. Ésta es la mejor opción cuando son muy pequeños, ya que, de la otra forma, se aburrirán esperando a que crezca.

¿Qué planta elegir?

No hay plantas específicas para niños o mayores, si obviamos claro las carnívoras o las venenosas. Si le gustan las plantas que huelen, compra semillas de hierbabuena, menta, albahaca o romero. Son plantas muy olorosas que, más tarde, puedes incluso utilizar en la cocina. En el caso de que tus hijos disfruten más con las que tienen flor,
las petunias, claveles, pensamientos o campanillas son ideales. Huye de las rosas, son bonitas pero tienen espinas.
Materiales necesarios: Una forma de iniciarle en los placeres de la jardinería es que, desde el principio, tu hijo disponga de su pequeño equipo. Un cubito con unas pequeñas palas, unos guantes para que pueda trabajar la tierra y un pulverizador de agua para las hojas. Con esto ya puedes empezar.

Jardines

Comienza plantando las semillas en tiestos pequeños con un sustrato enriquecido para que la planta se desarrolle mejor. Plantadla juntos; normalmente las semillas se suelen plantar a unos dos centímetros de la tierra, pero en todo caso debes seguir las instrucciones que te hayan facilitado en la tienda.

Cuidados Posteriores

Una vez plantada, enséñale que la primera vez tiene que regarla con abundante agua y, buscarla el lugar más adecuado (más húmedo o más luminoso). Informa a tu hijo de estos cuidados para que se responsabilice del riego y las horas de sol de la planta.

La evolución: Al principio la planta tardará unos días en crecer, pero acostúmbrale a que todos los días vaya descubriendo los pequeños progresos. Enséñale que tiene que tocar la tierra para saber el grado de humedad que tiene la planta y muéstrale cómo tiene que regarla.

Cuando haya crecido lo suficiente, será necesario que la pases a un recipiente mayor. Tenéis que cambiar parte de la tierra ya seca por sustrato nuevo y volver a regar abundantemente después de transplantada. Según el tamaño que haya empezado a adquirir la planta, será necesario que la podes, eliminando las hojas más viejas y estropeadas y dejando los nuevos brotes.

Si es muy pequeño, no le dejes utilizar tijeras, pero que sea él el que decida que hojas cortar, para que se sienta implicado en el proceso.

Estar al cuidado de una planta es un pequeño juego para él, pero notarás como has estimulado su sentido de la responsabilidad y, sobre todo, su capacidad para el cuidado de un ser vivo que depende de él.

Tipos de césped para el jardín:

La elección del césped más idóneo para nuestro jardín pasa por valorar la finalidad del mismo, el clima de la zona, su ubicación (en lugar soleado o a la sombra) y el tipo de suelo que va a cubrir.

Si se manejan con acierto estas variables y se escogen las semillas más adecuadas al manto que se quiera obtener, se logrará en poco tiempo un césped compacto y uniforme.

Según su finalidad, el césped puede ser suntuario y utilitario o deportivo. El primero es de carácter ornamental, por lo que suele ser frágil, fino y exige más cuidados; el utilitario es un tapiz más resistente y muy tolerante con el pisoteo.

Una vez definido el uso del césped, la siguiente tarea en el jardín es la de escoger las semillas más adecuadas al mismo y son éstas las que en último término establecen las diferencias entre unos y otros tipos de césped.

Los céspedes están compuestos por gramíneas, una familia que reúne 10.000 especies distintas, de las que sólo 20 se utilizan para este fin, siendo exactamente 12 las más demandadas en todo el mundo. Según su adaptación al clima, éstas se clasifican en especies de climas templados y fríos y especies de climas cálidos (subtropical y mediterráneo).

Cada especie posee sus propias características con respecto a factores fundamentales como la resistencia a la sequía, la capacidad de prosperar en zonas sombreadas, la tolerancia al pisoteo, la adaptabilidad al suelo, su ciclo de germinación o el momento oportuno para la siega.

Conocer estos valores es muy importante para elegir la especie más adecuada a un jardín concreto, pero esto presupone unas nociones de jardinería que habitualmente no se poseen. Por ello, lo mejor es acudir a un paisajista o acercarse al vivero y facilitar al experto toda la información necesaria para que éste acierte en sus recomendaciones.

Aquí van, no obstante, algunas claves básicas relacionadas con la finalidad del césped y la climatología de la zona.

Según su finalidad: Para un césped ornamental, por ejemplo, se recomiendan mezclas de Festuca rubra y Agrostis stolonifera, dos gramíneas en las que prima la elegancia y la belleza sobre la resistencia al pisoteo continuo.

Las mezclas para céspedes utilitarios son más variadas, pues requieren especies de follaje fino y de follaje grueso. Una buena cobertura puede reunir semillas de Lolium perenne, Poa pratense, Festuca rubra y Agrostis tenuis.

El césped que poseen la mayoría de los jardines familiares tiene unas exigencias muy concretas, pues es una hierba para usar y disfrutar más que para admirar. En este caso, la mejor opción es la mezcla de Lolium perenne y Poas, dos especies que no exigen un mantenimiento muy complicado y que soportan bien el pisoteo.

Según el clima de la zona

Césped de clima continental: Se pueden mezclar variedades como Lolium perenne, Festuca rubra, Festuca ovina, Festuca arundinacea y Poa pratense, gramíneas muy apropiadas para las temperaturas extremas del interior de la Península
Césped de clima atlántico: Algunas de las especies más empleadas en las praderas situadas en zonas con este clima (puntos del Cantábrico), son Poa pratense, Agrostis stolonifera, Lolium perenne, Festuca rubra, Festuca ovina y Dichondra repens. Esta última es de las pocas especies que se utiliza para el césped sin ser gramínea; crece bien en climas templados y es resistente en zonas sombreadas.

Césped de clima cálido

Se emplean especies que toleran bien el calor y necesitan poco agua, como Cynodon dactylon, Zoysia japonesa, Paspalum notatum y Pennisetum clandestinum, entre otras.

Los productores mejoran cada día las características de las variedades mencionadas, incrementan sus ventajas y reducen sus inconvenientes, y el mercado se encarga de transformarlas en paquetes atractivos para el consumidor. Pero si usted no se decide por realizar ninguna actividad de bricolaje jardín de carácter natural, también puede acceder al césped artificial, una modalidad hecha con materiales y fibras sintéticas que se fija al suelo con pegamento y tiene su mejor utilidad en las zonas de juego, los bordes de la piscina y las terrazas.

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